Zacarías Cerezo vuelve a la Sala Alta con Pinturas del Paraíso

La luz entra por las ventanas laterales de la Sala Alta del Real Casino para iluminar, a través de los cristales de las acuarelas, unos cuadros que muestran escenarios del paisaje de la Región y de su huerta, calles de la ciudad de Murcia, bodegones con granadas, y ramas de frutales que se reflejan con toda nitidez en el intenso color negro del piano de la sala.

Es Pinturas del Paraíso de Zacarías Cerezo; la colección que, comisariada por Miguel Olmos, puede visitarse en el Real Casino desde el pasado 3 de febrero. “Yo con Miguel llevo colaborando muchos años”, dice Zacarías Cerezo, en una de las acogedoras butacas del Salón del Congresillo de la planta baja del Casino. “No solamente comisariando mis exposiciones, sino que cuando hemos tenido otros eventos relacionados con la cultura generalmente también hemos colaborado”, dice el artista; y habla también de la calidad de la sala: “Las obras quedan muy bien acogidas, parece que hay como un diálogo entre la sala y las propias obras. Es arquitectura noble, que yo creo que ayuda a que la exposición pueda ser un éxito”, aunque, señala el artista, también obliga a que el pintor lleve a la sala lo mejor de su trabajo.

Zacarías Cerezo explica, además, que le tiene mucho cariño a la sala por el público que acude a visitarla con asiduidad y sigue los eventos culturales que en ella se celebran; un público que tiene a su disposición la revista bimensual del Casino, RC Magazine, y en ella la sección Pinceladas; una página gráfica a cargo de Zacarías Cerezo que suele ir acompañada de un breve texto. “Me siento muy cómodo, porque lógicamente tengo la libertad de poner ahí lo que yo quiera”, dice el artista sobre esta colaboración, y explica: “Habitualmente pongo una acuarela, si puede ser relacionada con el Casino, para vincularla más a los socios, que son los destinatarios de la revista”.

En esta ocasión, quienes entren en la sala encontrarán un conjunto de 30 obras donde aparecen algunos de los temas más característicos de Zacarías Cerezo, como el paisaje urbano y de huerta o los bodegones con frutas. Unos cuadros que delatan una especial predilección por la naturaleza, y donde el visitante encontrará algo curioso: después de una primera pared con panorámicas de paisajes, y de tres cuadros de la Calle Salzillo, la iglesia de Las Claras y la Calle Arenal, aparece una rama de almendro pintada en un formato amplio que es ya casi una firma del autor. “Casi siempre incluyo una rama de almendro. Me llama especialmente la atención ese tema, y es como un talismán que procuro incluir en todas las exposiciones”, dice Zacarías Cerezo.

Si algo tienen en común los cuadros de la muestra es el gusto por lo cercano, y por las vistas que podemos encontrar en nuestro propio paisaje. “Pinto mi entorno. Fundamentalmente, porque, al ser paisajista, yo cuando salgo de casa ya estoy viendo un paisaje”, dice Zacarías Cerezo. “Lógicamente cuando viajo hay otros paisajes que me interesan y también los incorporo a mi bagaje de mi pintura, pero habitualmente es el entorno. Y curiosamente es un tema inagotable”, dice el artista, y explica que puede regresar a los mismos lugares y verlos de otra manera por cómo madura la mirada del pintor, y por el paso de las estaciones, que hace cambiar los colores y la propia naturaleza.

Escribe el artista en el texto que acompaña el catálogo: Con el paso del tiempo he ido tomando conciencia de que llevo décadas pintando en un lugar al que puedo calificar como paraíso. Es como ir levantando acta en un cuaderno de acuarelas de la generosidad de la Naturaleza con el hombre en esta parte del mundo. Y por eso la exposición se titula Pinturas del Paraíso: “Estamos en una Región que es pequeña, pero, sin embargo, aquí tenemos mar, tenemos montaña, los desiertos de Abanilla, de Gebas o de Albudeite; y también tenemos la Vega”, dice Zacarías Cerezo, y cuenta que el título vino cuando comenzó a seleccionar las acuarelas que conformarían la exposición. “Las puse todas en el suelo de mi estudio, para tener una visión de conjunto y ver cuáles descartaba; y me pareció que ese mosaico estaba describiendo un lugar lleno de luz, lleno de alegría, un sitio con una temperatura muy agradable, un lugar para vivir”, dice el artista.

“Yo lo llamo paraíso porque me parece paradisíaco. Lo que pasa es que a veces no lo apreciamos de tanto verlo”, sentencia Zacarías Cerezo; de ahí que, para él, los artistas tengan la responsabilidad de llamar la atención sobre esa belleza que, por la costumbre, dejamos de ver. “Me ha pasado que mucha gente me dice: «mira, paso todos los días por esta calle y nunca me había parecido tan bonita como tú la has representado»”, cuenta el pintor; y reconoce que le reconforta comprobar que sus acuarelas pueden ayudar a redescubrir esa belleza.

Esta belleza, sin embargo, llega a ser ignorada. “A veces la menospreciamos, quizá agobiados también por los problemas que hay medioambientales”, dice Zacarías Cerezo, y recuerda el Mar Menor, siempre de actualidad; y también los problemas de conservación de patrimonio y la pérdida de una importante parte de la huerta por la urbanización y la falta de agua, que lleva al abandono de cultivos. “Pero a pesar de eso hay mucha belleza, y lo que tenemos que hacer es ser conscientes de esa belleza para conservar lo que queda, y recuperar lo que sea recuperable”, dice el pintor.

En la exposición, los cuadros recorren paisajes de lugares tan dispares como Ojós, Villanueva, Abanilla, los Alcázares, Santiago de la Ribera o Águilas, además de otras zonas que el pintor suele visitar. “Hay sitios recurrentes donde voy con cierta frecuencia en busca de estos paisajes, como son el Valle de Ricote, o también la parte alta del río Chícamo, en la parte norte de Abanilla; donde se dan unos parajes que, para mí, son muy estimulantes para la pintura” dice el pintor, y explica: “Es un sitio semidesierto, pero como hay un pequeño río hay pequeñas huertas con granadas, con palmeras; y eso configura un paisaje que a mí me gusta mucho y suelo ir a pintar por allí”.

Y esto porque Zacarías Cerezo comienza sus trabajos al natural, en exteriores, para luego completar la obra en el estudio. “Yo pinto del natural, pero pinto en bloces ligeros donde hago apuntes, y en el estudio termino esos apuntes o hago nuevas versiones, y me ayudo de la fotografía como complemento”, explica el pintor.

Junto a los paisajes de distintos puntos de la Región aparecen, al estilo de la rama de almendro, otras ramas de naranjos, granados, limoneros y de otros frutales, como la higuera o el manzano. “Forma parte también de la naturaleza”, explica Zacarías Cerezo. “A veces necesito dejarme las panorámicas, el paisaje abierto, para centrarme en detalles de ese paisaje”, puntualiza el pintor.

Es el caso de La fruta coronada; la rama de granado que es imagen tanto de la cartelería como del catálogo de la exposición. “La granada me parece una fruta que se puede pintar de muchas maneras: en la rama; abierta cuando ya está muy madura tiene también mucho atractivo”, dice Zacarías Cerezo, que la ha incluido también en uno de los bodegones. “Para mí es como un símbolo”, explica; y cuenta que, al igual que siempre incluye una rama de almendro en sus exposiciones, también la granada está muy presente en su obra, y siempre aparece en sus muestras sobre temas de naturaleza.

También puede verse en la exposición paisaje urbano, con calles del entorno de la Plaza de Belluga, y otros rincones de Murcia, como el edificio del Museo Arqueológico o la Facultad de Letras de la Merced; unas calles donde la presencia de palmeras hace pensar que la ciudad es, quizá, una continuación del paisaje de la Región. “La palmera para mí es un árbol muy singular, y me gusta incluirlo porque me parece que define muy bien nuestro paisaje, tanto urbano como de huerta; el paisaje levantino”, dice Zacarías Cerezo, y explica: “A mí de la ciudad me interesa sobre todo el juego de luces y sombras que se producen dentro de la propia arquitectura y el entramado urbano de las calles”. No se trata, para el pintor, de retratar un edificio muy importante; sino de captar una luz que sí resulta interesante, o los reflejos que pueden aparecer dentro de las propias sombras, por la abundante luz de la ciudad de Murcia.

Todas las obras expuestas son, por supuesto, acuarelas. “Yo hace tiempo que pinto exclusivamente a la acuarela”, explica Zacarías Cerezo, aunque señala que también ha pintado al óleo y pasado por diferentes técnicas hasta que, en los años 80, se inició en la acuarela, que ya es su predilecta. “Me enamoré de la técnica, del procedimiento, de la sencillez de los materiales”, explica el pintor. “El óleo, sin yo pretenderlo, se fue apartando y fue desapareciendo de mi obra, porque cuando veo un paisaje y me apetece pintarlo ya siempre pienso en la técnica de la acuarela”, concluye.

Después de Pinturas del Paraíso, el siguiente paso para Zacarías Cerezo será una muestra en la Iglesia de San Juan de Dios, relacionada con la Cofradía de la Salud y dedicada a la Semana Santa. Mientras tanto, la Sala Alta seguirá mostrando, hasta el próximo viernes 2 de marzo, estas acuarelas que son un homenaje a la riqueza paisajística de la Región y su belleza.

Redactora y editora de El Visitante.

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