Picasso. El Viaje del Guernica en Murcia

La Avenida Libertad está ocupada estos días por una novedad imposible de pasar por alto: dos tráileres que, unidos, forman una sola nave y atrae las miradas de quienes por primera vez los descubren. Unos observan mientras siguen su camino, otros se detienen frente al cartel que contiene los horarios, y cada poco tiempo, la puerta se activa por un nuevo visitante que atraviesa la pasarela de entrada.

El título, en grandes letras blancas, puede leerse en el gris de las paredes exteriores. Es Picasso. El Viaje del Guernica; una muestra que, con motivo del 80 aniversario de la célebre obra de Picasso, presentan la Obra Social “La Caixa” y el Museo Reina Sofía. Comisariada por Rosario Peiró y Rocío Robles, la exposición lleva al espectador a recorrer la historia y significado del Guernica a través del proceso de creación de la obra y sus distintos viajes. Un proyecto expositivo que proviene de un exhaustivo trabajo de investigación, y queda a disposición del gran público a través de un innovador formato itinerante que puede visitarse en Murcia desde el pasado 24 de enero.

“Es un modelo de exposición que Obra Social “La Caixa” lleva años promoviendo por diversas ciudades, en este caso con la colaboración del Museo Reina Sofía en el ámbito de los contenidos”, explica el historiador del arte y asesor de la exposición, Carlos Martín. “De alguna manera funciona como un museo portátil que permite que las exposiciones lleguen a diversos lugares facilitando al máximo las tareas de montaje y desmontaje”, dice el asesor. Dos tráileres de camión que, convertidos en espacio expositivo, suman 200 metros cuadrados; y pueden situarse, explica Carlos Martín, en lugares céntricos que permitan el acceso de una importante cantidad de visitantes. “Es un modelo que, en definitiva, está pensado para facilitar que la muestra pueda ser disfrutada por el mayor número de espectadores posible, ya sean individuales o de grupos concertados”, concluye.

Al atravesar la puerta de entrada, la primera sala aparece rodeada de paneles donde se alternan fotografías, vídeos, documentos escritos y prensa de la época; así como textos explicativos que acompañan cada una de las secciones. En el centro de la sala, una proyección muestra un enorme lienzo en blanco que pasa a contener un primer boceto del Guernica, y luego otros más elaborados hasta llegar a la obra completa. Hay espectadores que, silenciosos, se van deteniendo ante los paneles, y sonríen por la presencia de los escolares que, sentados en el suelo, responden diligentes a la pregunta lanzada por la guía: “¿Quién pintó este cuadro?”. Otros visitantes, además, hacen buen uso de las traducciones en inglés presentes en cada uno de los textos y rótulos, porque el español no es el único idioma que puede oírse en la sala.

Todos estos visitantes, resume Carlos Martín, encontrarán en la exposición “toda una serie de materiales relacionados con la concepción y creación del Guernica y con su historia desde 1937 hasta el presente, con especial atención a sus viajes y al modo en que se presentó en diversos lugares del mundo hasta su llegada a España en 1981 y su posterior traslado al Museo Reina Sofía en 1992, donde se encuentra expuesto actualmente”.  La exposición, sin embargo, no se limita a documentar y mostrar los destinos del Guernica, sino que “también se ocupa de los significados que ha cobrado en cada uno de esos lugares y de su presencia en la cultura popular, como icono de diversos tipos de reivindicación”, explica Carlos Martín.

El objetivo de la muestra, señala el asesor, “no es solo uno, y en gran medida depende de cada uno de los visitantes; pero en última instancia se trata de comprender que una obra de arte no es solo la pieza en sí misma, sino también todo lo que genera a lo largo de su historia, todo el rastro que deja”; un rastro que, para Carlos Martín, está presente en lo físico, pero también en lo intangible, por quedar además en el inconsciente de la gente, de la colectividad.

Para narrar todos estos aspectos, la exposición recibe al visitante con un texto que lo pone en antecedentes: el Guernica, una de las obras más emblemáticas del arte del siglo XX, y convertida en símbolo antibelicista, fue un encargo del Gobierno de la Segunda República a Picasso, que aceptó pintar un cuadro para el Pabellón de España en la Exposición Internacional de París de 1937. Con este punto de partida, la exposición se organiza en cinco ámbitos para narrar su historia.

El primero de ellos se titula El terror y el dolor, reactivos para Picasso; y explica cómo la noticia del bombardeo de la ciudad de Guernica por parte de la Legión Cóndor alemana llegó al artista a través de la prensa francesa; y fue el reactivo que le dio la idea definitiva para abordar el encargo. El proceso de creación duró cinco semanas, y articuló la obra en torno a la idea del terror y el dolor.

El segundo ámbito, bajo el título de Reclamo propagandístico internacional, detalla cómo el Guernica, después de la clausura de la exposición de París, viajó hasta Escandinavia, Inglaterra, Nueva York, Los Ángeles y otros destinos como obra de arte, pero también como reclamo de propaganda política.

El tercero, Más de cuarenta años en el MoMA (1939-1981), recoge la gira que el cuadro protagonizó en Estados Unidos desde el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), que acogió numerosas exposiciones sobre Picasso. Este museo tuvo el cuadro en custodia, porque mientras el franquismo seguía vigente en España, Picasso declaró que el cuadro permanecería en el MoMA hasta que el pueblo español recuperara las libertades arrebatadas, condición indispensable para que el Guernica entrara por vez primera y definitiva a su patria.

El cuarto ámbito se centra en las Negociaciones para el retorno del «último exiliado», y a toda la expectación que despertó la llegada del Guernica a España desde el MoMA, cuando tuvo lugar en 1981; un traslado que se convirtió en una cuestión prioritaria para el Gobierno de Adolfo Suárez, y que se presentó como signo de reconciliación entre los dos bandos de la Guerra Civil, e incluso como el fin de la Transición. Este ámbito, además, revisa cómo el cuadro fue llevado primero al Casón del Buen Retiro en Madrid, para pasar luego a su actual ubicación, el Museo Reina Sofía.

El quinto y último ámbito se centra en el Guernica como Icono de protesta universal, y en cómo el cuadro ha trascendido los museos para salir a la calle y se ha utilizado de forma recurrente en movilizaciones colectivas de distinto tipo.

Todo ello en una sala con una estética que no es casual: “Lo más interesante del diseño expositivo es que se inspira en las formas del pabellón español para la Exposición Internacional de 1937 en París, el mismo para el que se encargó a Picasso un mural de grandes dimensiones que acabaría siendo el Guernica”, explica Carlos Martín, y añade: “Aquel edificio, debido a los arquitectos Josep Maria Sert y Luis Lacasa, destacaba entre los demás por su sencillez, su aspecto funcional que aunaba los avances de la arquitectura del Movimiento Moderno con la idea de una casa mediterránea con patio”. Una sencillez que, explica el asesor, se debe a que el pabellón debía ser un gran aparato de propaganda a favor de la República Española, y su arquitectura se concibió, por tanto, para que no restase protagonismo a las obras y objetos allí expuestos, como queda reflejado en los planos recogidos en la muestra.

Cuando se le pregunta qué rincón de la exposición, a título personal, le resulta más atractivo, Carlos Martín se decanta por el espacio que cierra la segunda sala. “Creo que es muy interesante toda la recopilación final de materiales de distinto tipo donde se puede ver la apropiación del cuadro por parte de la gente: camisetas, banderolas, murales, callejeros, pancartas… carteles que nos muestran de qué modo el Guernica ha funcionado en distintos contextos, hasta qué punto el cuadro no acepta jerarquías; de qué manera la gente se ha apropiado de él de manera natural y espontánea”.

Y si se trata de destacar uno de los documentos por encima del resto, el asesor se inclina por uno audiovisual, al inicio de la muestra, donde aparecen varios de los bocetos preparatorios del Guernica. “El primero de ellos, fechado el 1 de mayo de 1937, unos días después del bombardeo de la villa vizcaína por parte de la aviación alemana e italiana en apoyo a los sublevados, tiene ya todo el espíritu retórico y trágico de la obra final, a pesar de estar conformado por apenas unos pocos trazos”.

Todos estos documentos podrán verse en Murcia hasta el 21 de febrero. Aún así, cuando la exposición marche a su siguiente destino, los espectadores tendrán la posibilidad de seguir consultándolos. “De hecho ya pueden hacerlo”, dice Carlos Martín: “Si desean volver a ver algún documento con más calma, profundizar en algún aspecto o preparar la visita, toda la documentación y mucha más –un total de 2.000 documentos– se han reunido en la web diseñada por el Museo Reina Sofía, llamada Repensar Guernica”. Un espacio virtual dedicado íntegramente a todo lo relativo a la célebre obra de Picasso.

La exposición, que comenzó su itinerancia en la propia ciudad de Guernica, ya ha pasado por Vitoria y Bilbao antes de llegar a Murcia, y está previsto que en los próximos años recorra distintas ciudades de todo el territorio español, con Burgos como siguiente parada, para que los espectadores puedan conocer mejor la historia de esta emblemática obra, y acompañar al Guernica a través de sus viajes.

Redactora y editora de El Visitante.

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