Los Pintores de la Academia, reunidos en las paredes de Progreso 80

Al atravesar la alta puerta de madera, las paredes de Progreso 80 aparecen vestidas por la sutileza de la acuarela, el trabajo de la abstracción, con atrevidos rojos y azules, y la armonía de amarillos, violetas y grisáceos; además de por la invitación al asombro del naïf y la intriga de una figuración que, en abierto, espera la interpretación del espectador. Nueve obras que, de dos en dos, ponen en la sala la personalidad de cinco artistas representativos de la Región que tienen otro rasgo en común: todo ellos son académicos de la Real Academia de Bellas Artes.

Carmen Artigas, Manuel Barnuevo, Esteban Campuzano, Pedro Cano y Vicente Ruiz. Esos son los cinco artistas que ponen firma a Pintores de la Academia, la exposición que reúne en el Espacio Expositivo Progreso 80 a los pintores miembros de la Real Academia de Bellas Artes Santa María de la Arrixaca de Murcia. La muestra, a cargo del escultor y académico Juan Martínez Lax, se inauguró el pasado 21 de febrero dentro del Ciclo Los miércoles de la Academia, y mostrará, hasta el 15 de marzo, la obra de unos académicos que son, ante todo, pintores.

“Es una de esas alegrías que te da la Academia”, dice sobre la exposición Pedro Cano, autor de la acuarela que, en la pared del fondo y que, bajo el título de La Peña Negra, rinde homenaje a su Blanca natal. En un inicio, explica el pintor, iba a traer una acuarela reciente, de unos trabajos en los que está inmerso; pero finalmente se decidió utilizar una acuarela que tenía la Academia, y que representa la peña que, por asentarse en ella la ciudad, hizo que Blanca, antes de llamarse así, recibiera el nombre de Negra.

“Es una acuarela sobre papel, que además la acuarela está un poco puesta como la hermana pobre de la pintura, y en cambio yo creo que es una maravillosa aliada para trabajar, sobre todo para mí; porque tiene la cosa de la rapidez, la inmediatez, la vitalidad”, explica Pedro Cano, delante del cuadro; e indica que la inmediatez no está reñida con detenerse en el detalle: “En realidad es bonito hacer una mancha más ligera y luego ir metiéndote en pequeños recovecos contando un poco cosas que suceden dentro”.

El pintor calcula que realizó el cuadro hace unos doce o catorce años, y se muestra contento por el reencuentro. “Cuando he entrado me ha dado mucha alegría porque lo he encontrado muy bonito, lo han enmarcado muy bien, tiene una presencia bastante aceptable… lo importante es que le guste a la gente”, dice Pedro Cano, y añade: “Me da alegría además, porque los cuadros cuando están metidos en las casas no valen para nada. Lo bonito es que el cuadro viva en los ojos de los demás, en la memoria de los demás”.

Ser académico es, para Pedro Cano, un orgullo grande. Fue de los primeros en entrar a la Academia, y recuerda con especial cariño el haber sido nombrado académico pontificio. “Yo además he pasado prácticamente toda mi vida fuera”, dice el pintor, y cuenta que, después de haber vivido en Madrid, Roma y Nueva York, le llamaron para ser académico muy cerca de su lugar de origen. “Lo bonito es estar siempre muy relacionado con el sitio donde has nacido pero pensar que no es el único sitio que hay en el mundo”, dice Pedro Cano, y concluye: “Lo importante es descubrir más cosas. Cuantas más cosas sepas más vas a amar el lugar donde has nacido”.

Frente a esa pared, junto a la puerta de madera, aparecen otros dos cuadros. Se titulan Niño y Niño con perro, y son obra de Esteban Campuzano. De principios de 2017, no forman parte de sus últimos trabajos, pero sí de los más recientes; y pertenecen a una colección que mostrará hacia finales de año. “Me han dicho: «has vuelto a la figuración». Bueno, no estoy seguro”, dice el pintor; y explica que aunque ha estado muy al borde de la abstracción, nunca ha perdido la figuración. “Lo que sí estoy haciendo ahora es buscar nuevas vías que posibiliten una mayor expresión, que es mi inquietud, mi afán”, dice el artista.

“Preparo los trabajos con mucha materia y juego con la figura. Y esa es la obra tal como la concibo últimamente”, dice Esteban Campuzano. Le interesa el color, la forma, la materia, y algo más: “Sobre todo me interesa mucho el contenido, si puede ser, misterioso”, porque, dice el pintor, prefiere dejar sus cuadros a la interpretación del espectador. Por eso, aunque huye de la titulación explícita, y llega a utilizar nombre genéricos para sus obras –Composición I, Composición II…– los títulos de los cuadros de la exposición son descriptivos, pero muy simples; para dejar espacio a que el espectador deduzca y analice la obra que ve.

Para Esteban Campuzano, ser académico es un gran honor por suponer un reconocimiento a una trayectoria, y porque el trabajo realizado por los pintores dentro de la Academia es respetado y valorado. “En realidad me siento muy orgulloso de ser académico”, dice el pintor, que se muestra contento por no pertenecer a una Academia que se pueda identificar con un lugar rancio, o donde van los pintores ya al final de su trayectoria. “Esto es una Academia dinámica, moderna, abierta, y eso me gusta”, concluye.

En la pared contigua, aparecen dos obras de menor tamaño y de un estilo vivo e inconfundible. Se titulan La recogida de la oliva y La procesión del Corpus, y son obra de Carmen Artigas. “Yo pinto lo que veo”, dice la artista. “Murcia para mí es un tema que es muy sugestivo, y me ofrece muchas posibilidades, sobre todo el folclore, el campo, los paisajes de costumbres…”, explica. Porque, si algo busca Carmen Artigas en sus cuadros, es recoger en ellos las labores artesanales y costumbres que se están perdiendo: “Quiero reflejarlas, por lo menos que quede constancia de que eso existió, y que era muy bonito, y que tiene su poesía”, dice la pintora.

Es el caso del primero de ellos, que muestra la recogida de la oliva de manera tradicional, con el uso de las varas y los capazos. “Me gusta mucho esa simetría que tienen los campos, con los olivos plantados que parece que están milimétricamente separados unos de otros, con un orden establecido”, dice la artista, y destaca también los azules, nubes y transparencia del cielo de Murcia y su luz, que invita a pintar.

El segundo cuadro, dedicado a la procesión del Corpus, muestra, en este caso, una tradición que la artista no quiere que se pierda, y que entiende como un motivo internacional, pero también propio de Murcia, por tener en la Plaza de Belluga un marco inmejorable. “Allí es que se ve el Palacio del Obispo, que es una pasada”, dice Carmen Artigas, y añade: “Yo es que cuando entro en esa plaza es que entro en Italia, pero Italia en lo mejor, en el Renacimiento Italiano”. Unos cuadros costumbristas en la línea habitual de la obra de la artista, que recoge procesiones y tradiciones como las fiestas de San Antón y Santa Eulalia, presentes en los dos cuadros de Carmen Artigas donados al Museo de Bellas Artes de Murcia.

Para ella ser académica supone, ante todo, una gran alegría. “Primero, por reconocer el arte naïf, dice Carmen Artigas. Explica que, en muchas ocasiones, le han dicho que es un arte que podría hacer un niño; y recuerda que Picasso decía haber tenido que pasar por todas las fases de la pintura para llegar a pintar como un niño. “No es pintar como un niño, es ver la vida desde una perspectiva de niño, con una ilusión y una novedad”, explica la pintora. “Entonces cuando tú tienes la capacidad de asombro que tiene un niño ante la vida, y lo reflejas en un cuadro, eso es el naïf”, dice con rotundidad; y hace referencia a la técnica y meticulosidad que hay detrás.

Además, señala Carmen Artigas, es de agradecer que una mujer esté en la Academia como pintora. “Ser una mujer académica la verdad es que es un honor”, y subraya que, de la treintena de miembros que componen la Academia, solo cuatro son mujeres, y solo ella es pintora. “A la mujer le cuesta mucho estar donde está. Le cuesta muchísimo, más que a un hombre”, dice Carmen Artigas, y recuerda, por ejemplo, la baja representatividad de pintoras en ARCO, que ha saltado a la actualidad. “Ya es hora no de competir con el hombre, sino de tener las mismas oportunidades, y la que es buena que triunfe y la que es mala, que no, igual que un hombre”, señala la artista, y concluye: “Yo animo a la gente joven, y a las mujeres, a que ocupen su sitio porque es el momento, y merece la pena”.

En la pared de enfrente, las dos obras que en ella aparecen representan un estilo diferente, dentro de la abstracción. Son dos óleos de gran tamaño, realizados a principios del pasado año, que llevan la firma de Manuel Barnuevo. “Juan me pidió dos obras que estuvieran en ese formato, y cogí estas dos piezas”, indica el pintor, y explica: “Ahora pinto cuadros grandes, porque me gustan los espacios grandes; aunque es una paradoja, porque ahora mismo no se venden cuadros, el mercado está muy complicado”. Aún así, Manuel Barnuevo no duda en, día tras día, seguir pintando. “Todas las mañanas me voy al estudio, bien temprano, y a trabajar. Que hay exposiciones, bien. Que no hay, pues también bien. Pero me gusta trabajar todas las mañanas, como el que va a la oficina”, cuenta el pintor.

“Ahora tengo muchas piezas en las que hay más técnica mixta, que aparecen incluso algunas telas pegadas mezcladas con el óleo, papel, partes de dibujo…”, dice Manuel Barnuevo sobre su trabajo actual, y vuelve a los óleos de la exposición para anotar un detalle curioso: “En una de las obras hay un dibujito figurativo, una cabeza de mujer, aquí abajo”, la señala en el cuadro. “Es un pequeño homenaje a una pintora que está completamente olvidada de los años 20, Maruja Mallo, que era una pintora yo creo que fenomenal, y es de esas personas que deberían tener un nombre potente dentro del arte contemporáneo, y en cambio no figura como tal”, dice Manuel Barnuevo sobre la pintora surrealista. Explica que estuvo viendo una serie de cabezas de campesinas de distintos países realizadas por Maruja Mallo, y decidió reproducir una de ellas en el cuadro, quizá por haber visto recientemente en Málaga una exposición de David Salle. “Es un americano de los 80 fantástico, que mezcla en los cuadros todas las vivencias que le van ocurriendo, y al final consigue amalgamarlo todo y el resultado es muy positivo”, detalla el pintor.

En cuanto a ser académico, Manuel Barnuevo lo considera algo agradable, sobre todo, por el reconocimiento que supone por parte de los compañeros y de quienes están en el mundo del arte. “Aunque yo desde el punto de vista digamos convencional del académico que da discursos y tal, pues no soy”, advierte Manuel Barnuevo. “Yo soy una persona, como le puede pasar a Vicente Ruiz, que somos gente que somos pintores, que nuestro medio de expresión es la pintura”, dice Manuel Barnuevo con sencillez. “Pero ya digo, es un placer que nos reconozcan los compañeros, que a fin de cuentas es lo que más gusto da”, concluye el pintor.

En la misma pared, al otro lado de la columna, aparecen dos cuadros donde, de un vistazo, predominan los tonos amarillos, y que están firmados, precisamente, por Vicente Ruiz. “Son del año pasado. Son el resultado de una evolución de 45, 50 años de pintar”, dice el artista, e indica que responden a una etapa donde se ha inspirado mucho en las pinturas rupestres que pueden verse en Lorca y Almería, en la zona de los Vélez. El pintor cuenta con entusiasmo que, en cuanto supo de la existencia de aquellas cuevas y pinturas, cuando tenía entre 18 y 20 años, fue a la biblioteca para pedir información y salió él mismo a buscarlas. Habla de la Cueva de los Letreros, de donde procede el famoso indalo, símbolo de Almería; de una cueva cercana, el Abrigo de las Colmenas, donde se sitúa el verdadero indalo; y también de la Cueva del Gabar, la Cueva de Ambrosio o el Abrigo del Mojao, en Lorca.

Vicente Ruiz señala que las pinturas rupestres esquemáticas, propias del Neolítico, son las que más se prestan a una pintura abstractizante, que no llega a ser abstracta por la presencia de elementos figurativos, como arqueros, ídolos o animales. Este tipo de arte inspiró la exposición El Pintor Iniciático que tuvo lugar en Santa Teresa en 2007, y donde, como en los cuadros expuestos en Progreso 80, aunó una de sus pasiones, la arqueología, con a la pintura de nuestros antepasados prehistóricos.

Explica el pintor que antes acostumbraba a utilizar amarillos más vivos. Ahora, en cambio, prefiere usar tonos más apagados, como el amarillo Nápoles, con azules grisáceos y tonos violeta también muy tenues, junto con el amarillo cadmio que asoma en alguna esquina para, en palabras del pintor, dar el toque de misterio y gracia en el cuadro.

Respecto a ser académico, Vicente Ruiz recuerda cuando le llamaron para proponerle el nombramiento. “Mi carácter no es de académico”, confiesa, y se describe como despistado y bohemio; aunque, explica, le animaron a ello y finalmente accedió. Tampoco le gusta dar conferencias, con la contrariedad de que, al ser nombrado académico, tenía que pronunciar un discurso. “Me salió bien porque no hablé de mí”, cuenta Vicente Ruiz. “Hablé de otros cinco pintores murcianos que durante el siglo XX había visto, y que me habían impactado”; pintores que son Joaquín, Molina Sánchez, Muñoz Barberán, Gómez Cano y, finalmente, Pedro Cano. “Molina Sánchez es el pintor que más me ha gustado en Murcia del siglo XX”, dice Vicente Ruiz, y añade que este pintor fue, además, académico de honor.

Escribe Martín Páez en el texto que acompaña la exposición: «Los pintores de la Academia representan ese amplio abanico que conforma el eclecticismo de la actualidad pictórica. Figuración, abstracción, expresionismo, naïf… tendencias expresivas para comunicar, con la materia hecha pincelada, las distintas inquietudes artísticas de sus personalidades»; unas personalidades que son representativas de la tradición de pintores de una tierra, la de Murcia, que con sus contrastes, su luz y su clima, indica Martín Páez, «es evidente que sea una tierra de pintores».

Una exposición, Pintores de la Academia, que deja ver en sus nueve obras la pincelada, estilo y trayectoria de los pintores que conforman la sección de pintura de la Real Academia de Bellas Artes, y que estará, hasta el próximo día 15, en las paredes del espacio expositivo Progreso 80.

Redactora y editora de El Visitante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *