Los pintores españoles más reconocidos de los 80 llegan al Centro Cultural Las Claras

Miquel Barceló, Luis Gordillo, Antoni Tàpies, Alfonso Albacete, Carmen Álvarez, José María Sicilia, Manolo Quejido y Guillermo Pérez Villalta son solo algunas de las casi cuarenta firmas que pueden verse en el Centro Cultural Las Claras, y que ponen en la sala, en cuadros de grandes dimensiones, una desenfadada explosión de color, de movimiento, de vitalidad; la expresión de los artistas de una sociedad en plena transformación que buscaba, como estos lienzos, la innovación, la libertad y la ruptura.

Es Los Años 80 en las Colecciones ICO, la muestra que, gracias a la colaboración entre la Fundación Cajamurcia y la Fundación del Instituto de Crédito Oficial (ICO), pone en Murcia desde el pasado 27 de octubre y hasta el 10 de diciembre lo más destacado de la pintura de esta década. La exposición, comisariada por María Toral y Marisa Oropesa, está formada por una cuarentena de obras de un total de 37 artistas procedentes de las Colecciones de la Fundación ICO, que se centran en las aportaciones artísticas más relevantes del siglo XX dentro del ámbito nacional.

“Nosotros en el Centro Cultural Las Claras trabajamos casi exclusivamente con grandes instituciones museísticas”, explica el director del centro, Ángel Campos, sentado a la mesa de su despacho en el mismo edificio; y nombra el Museo del Prado, el Reina Sofía y el Museo Thyssen, además de colecciones privadas y otras entidades, como la Fundación Mapfre o la Fundación ICO, como es el caso de la actual muestra. “Lo que el visitante va a ver es un recorrido lógico por el mejor panorama que podemos encontrar en estos momentos de los artistas que fueron puntales en los años 80 en España. Y no creo que haya una muestra similar en España tan completa como ésta”, dice el director.

Una colección que muestra al público los artistas españoles que, en esta década, estuvieron vinculados a las nuevas tendencias del arte. “Yo creo que no falta ninguno, de los grandes que lo fueron en los años 80”, dice Ángel Campos, y añade: “Se nota, además, que es una época de profundos cambios artísticos, en los que los artistas están creando nuevos conceptos a la hora de mostrar el arte”; una búsqueda de la novedad y la ruptura que es también la de la sociedad española, recién llegada a la democracia: “Era una sociedad que estaba evolucionando muy rápidamente, y esa evolución se ve claramente reflejada en las obras que se exponen aquí en el Centro Cultural Las Claras”, dice el director.

La muestra, enmarcada en la Semana Grande de la Fundación Cajamurcia, es una de las grandes exposiciones del Proyecto Huellas, que se complementan con las más de 400 actividades que se realizan cada año en el Centro Cultural Las Claras, y que son una garantía de visitantes para este tipo de muestras: “Es una constante afluencia de público a este centro, que es un centro vivo, de todas las edades, porque tenemos actividades para todos los sectores de la sociedad, a la cual la Fundación Cajamurcia se debe”, dice Ángel Campos. “Estamos muy orgullosos de que el Centro Cultural Las Claras sea el centro más activo que hay en la Región de Murcia en materia cultural, y no solo por las exposiciones, sino muy especialmente por todo el conjunto de actividades que se desarrollan: ciclos, conferencias, talleres… es infinito, el enumerarlas todas”, dice el director del centro, y concluye: “Además, la gente que viene a las exposiciones de la Fundación sabe que nosotros no exponemos aquí cualquier cosa. Saben que van a ver obras de mucha calidad, y van a ver artistas muy renombrados”.

La exposición se distribuye en las dos salas que forman el espacio expositivo del centro. En la sala de la planta baja, las primeras obras que se ven son Retrato nº7, de Alfonso Fraile, y 3 de Octubre 1990, de Eduardo Arroyo; y al echar un vistazo al fondo de la sala, hasta llegar a la obra de José María Sicilia, las paredes están vestidas de obras de gran tamaño, con dimensiones que llegan a los dos y tres metros de ancho.  La muestra continúa en la segunda sala, en el piso inferior, que deja ver, antes de bajar los escalones de acceso, el Gato ZZZZ de Juan Ugalde, que es portada del díptico explicativo de la exposición y se une en la sala a la veintena de obras que completan la exposición.

Los artistas de la muestra proceden de estilos muy diversos, todos ellos llevados a la vanguardia, que pasan por la abstracción, el informalismo, el pop y la figuración. “Vienen de muy distintos estilos”, dice Ángel Campos; “pero en cada uno de esos estilos ellos han sido pioneros punteros, y además renombrados”. Unos artistas que siguieron luego su propio camino, pero tienen en común el reflejo de una década, extensible a los últimos años de los 70 y los primeros de los 90. “Se optó por esta década porque realmente ahí se estaba produciendo en España una ebullición artística tan grande como la que se estaba produciendo en la sociedad”. Terminada la dictadura franquista, la sociedad dejó la censura atrás. Por eso la muestra sobre artistas de los 80 que el Museo Colecciones ICO ya acogió en 2011 se tituló Libres para pintar, porque los pintores podían enfrentarse al lienzo en blanco con el único objetivo de romper moldes. “Esto es lo divertido de esta exposición”, dice Ángel Campos; “que efectivamente es una lucha constante por buscar nuevos sistemas, nuevos métodos, nuevas formas de expresión artística. Y por eso se ve esa disparidad tan grande de estilos”.

El director, sin embargo, advierte que el espectador puede encontrar dificultad para identificar al autor de algunos de los cuadros a primera vista. “Estamos acostumbrados a ver las obras actuales de estos artistas”, dice el director. “Estoy pensando en alguno como Alfonso Albacete, que su pintura ha ido evolucionando, y la pintura de hoy de Alfonso Albacete es distinta”, comenta. El espectador, por tanto, puede remontarse 40 años atrás en el tiempo y comprobar cómo pintaban los artistas entonces, en un periodo que los ha encuadrado en la llamada Generación de los 80.

Para adentrarse en la mentalidad de los artistas de la época, la exposición se ha acompañado de frases de algunos de los pintores que el espectador puede leer en la pared, con citas como ésta de Guillermo Pérez Villalta, que concluye: eso es lo que me gusta de un trabajo como el mío: que te permite construir algo que no existe y que empiece a existir en ese momento en que el espectador se encuentra con el cuadro; o ésta de Luis Gordillo: Soy consciente de la realidad, pero el mundo que pinto es más de sensaciones, de pensamientos; o ésta otra, especialmente significativa, de Antoni Tàpies: Pienso que una obra de arte debería dejar perplejo al espectador, hacerle meditar sobre el sentido de la vida. “Antoni Tàpies es que además siempre ha sido un rompedor con todo”, dice Ángel Campos. “Si el mundo iba en el sentido de las agujas del reloj, él siempre ha ido al revés; y esa capacidad de hacer las cosas de forma distinta es lo que le ha hecho grande”, y explica: “efectivamente se han escogido frases de muchos artistas que han significado algo precisamente en esa década, y aquí volvemos al concepto de ruptura, de libertad”.

Aunque el director tiene claro que cada visitante tendrá sus preferencias y se decantará por obras distintas, si se le pide que destaque una de las obras, se queda con Bodegón, de Miquel Barceló, que preside uno de los espacios de la segunda sala de la exposición. “Como soy un enamorado de Miquel Barceló, yo la destacaría por encima de las demás, igualmente valiosas y extraordinarias”, e insiste en que cada espectador resaltará obras distintas: “Lo que tiene de bueno la cultura, sobre todo de esta época, es que te permite soñar mucho, y permite imaginar paisajes y mundos distintos, porque los artistas lo transmiten así a través de su pintura. Por eso cada uno tiene su propio criterio”.

El director resalta además que llevar al público una exposición de este calibre engloba el esfuerzo de muchos trabajadores, y no solo los de la Fundación Cajamurcia. Una muestra de este tipo requiere desde las labores de comisariado hasta las de transporte, montaje, seguros, y por supuesto coordinación, para cuidar cada detalle. “La exposición tiene que estar inmaculada antes de abrirse al público, y en fin, procuramos que sea así”, concluye Ángel Campos.

El director del Centro Cultural Las Claras calcula que serán varios miles los espectadores que, hasta el 10 de diciembre, acudirán a ver la exposición, con la opción de asistir a las visitas guiadas que se pueden concertar los miércoles, de forma gratuita, con guías que conocen a fondo la muestra y que llevarán a los asistentes a recorrer este camino que es de colorido, de experimentación y de ruptura.

Redactora y editora de El Visitante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *