Enrique Nieto lleva el Mar Menor a Chys

Al entrar en la galería Chys, los cuadros en tonos naranjas, azules, malvas y amarillos, cuidadosamente enmarcados, permiten apreciar el grosor y relieve de cada trazo, y muestran vistas de un mar que, por las islas y horizontes que presenta, no deja lugar a dudas: son retratos del Mar Menor, y en ellos se representan los colores más escondidos de la laguna salada.

Son 14 óleos y 4 acuarelas de Enrique Nieto; una muestra titulada Paisajes que, desde el pasado 17 de octubre y hasta el 18 de noviembre, viste las paredes de Chys. Es la segunda exposición que el pintor realiza en Murcia desde la antológica que se colgó en el Museo de Bellas Artes de Murcia –la última fue en abril de 2013–; y tiene como escenario la galería de cabecera del artista, que lo es desde hace más de treinta años. “Estoy exponiendo aquí desde finales de los 70. He hecho aquí decenas de exposiciones, ha sido mi galería en Murcia todo el tiempo, toda mi carrera”, dice Enrique Nieto, sentado bajo el cuadro que muestra un paisaje con una atmósfera completamente cálida, en amarillos, verdes y ocres.

Cuenta el pintor que la exposición antológica del MUBAM que de octubre de 2012 a enero de 2013 hizo un recorrido de su trayectoria no es para él un punto y final, sino un punto y seguido. De hecho, en cuanto se clausuró la antológica, Enrique Nieto se apresuró a exponer en Chys en abril de ese mismo año, bajo el elocuente título de Let’s go on (Sigamos). “Yo quería exponer pronto, enseguida, para que se viera que yo pienso seguir pintando, si Dios quiere, todo el tiempo que pueda”, dice Enrique Nieto, que también ha expuesto hace algo más de un año en la Fundación Cajamurcia en Madrid. “La antológica no significaba ningún final, sino quizás una raya por debajo; una suma con su resultado, pero para seguir añadiendo”, puntualiza el pintor con una sonrisa.

En esta nueva propuesta, Enrique Nieto se centra en el Mar Menor, aunque la exposición, en un inicio, iba a incluir también paisajes de Moratalla, el Campo de Cartagena e incluso Caravaca. Fue después de llevar los cuadros a la sala y revisarlo todo con la directora de la galería cuando la muestra quedó dedicada al Mar Menor, que el pintor acostumbra a retratar mirando hacia La Manga desde playas que, como los Urrutias o los Nietos, quedan al sur de la laguna. “En los horizontes casi siempre está alguna isla del Mar Menor, como el Barón, la Perdiguera… y detrás La Manga, como una línea de horizonte”, explica Enrique Nieto, que acompaña la perspectiva habitual de sus cuadros con obras inspiradas en otras zonas, como Calblanque, que se suman también a la exposición.

Sin embargo, Enrique Nieto no se detiene a enumerar los lugares exactos que retrata porque sus cuadros no se centran en mostrar un paisaje con todos sus elementos, sino en recrear impresiones acerca del color. “Yo he pintado muchísimo al natural, con el lienzo allí pintando, pero ya hace muchos años que pinto sobre algo que veo y que me llevo en la cabeza, o que tomo un pequeño apunte”, explica el pintor. “Entonces lo que hago en general es que le quito muchas cosas en el estudio y le pongo otras, con lo cual lo que queda es la luz, el color, el sentimiento”, concluye.

Para Enrique Nieto, estas sensaciones de color dependen por entero, en el caso del Mar Menor, del viento. “Los vientos hacen cambiar los colores completamente”, dice el pintor con rotundidad, y pone un ejemplo: “Si hay lebeche en verano, el lebeche es un viento de tierra que hace muchísimo calor con él”; un viento que puede arrastrar arena en suspensión del norte de África, explica el pintor. “Entonces para mí el lebeche hace como amarillear todo, por esa luz tan amarilla, casi tan potente”, dice Enrique Nieto; y así lo plasma en los cuadros que muestran cielos amarillos sobre un mar de color verde y unas tierras en tonos cálidos y ocres. “Sin embargo”, prosigue el pintor, el viento del norte lo limpia todo, deja todo sin nubes. Entonces el azul del cielo es muy intenso y el mar se pone verde, de un verde turquesa precioso”. Todo cambia también con el jaloque, el viento propio del verano que deja el cielo y el mar azules, con pequeñas olas que se suceden; o con el levante, que lleva nubes con él y puede incluso traer lluvia. “Esa es la historia de los vientos”, concluye Enrique Nieto, “y por eso lo cambia todo, los colores cambian, todo es distinto”.

Así sucede en Calblanque IV, el cuadro que Enrique Nieto escoge para mostrar ese viento del norte que deja una atmósfera despejada; y lo enfrenta a una de las obras inspiradas en el lebeche. “Compara este cuadro con aquel de los amarillos. Aquel es un cuadro como si tuviera polvo por encima, y éste sin embargo es un cuadro limpio completamente”, dice Enrique Nieto, y explica cómo el mar es azul ultramar puro, como mismo sale del tubo, y cómo las tierras muestran también tonos de azules. “Y realmente eran azuladas”, asegura; “yo las habré idealizado, pero era así. Es un apunte que tomé en Calblanque”, y cuenta cómo, después de pintar una casa derruida presente en la escena original, la quitó del cuadro para que solo quedara la luz y el paisaje.

Y si Enrique Nieto aprecia esos matices de luz es porque, desde la casa que tiene junto al Mar Menor, se deja atrapar por el espectáculo que la laguna salada ofrece cada día, y porque después de años y años de pintar el mar desde sus más variadas posibilidades –de noche, en tormenta, con jaloque, levante, viento del norte…–, lo conoce muy bien. Sin embargo, no deja de fascinarle: “Cada vez que me pongo a hacer un cuadro nuevo del Mar Menor para mí es como si empezara otra vez”, afirma el pintor, que dice disfrutar especialmente al poner sobre el lienzo primer trazo de todos: la línea del horizonte del cuadro.

Los cielos parecen cobrar un especial protagonismo en la exposición. Por lo general, ocupan en los cuadros más superficie que mar y tierra, con unos colores que en algunas obras llegan a ser muy intensos. “Yo le doy al cielo mucha importancia. No es ese concepto de celaje que es el fondo”, dice el pintor, en referencia a los cielos que, colocados como fondo, solo buscan destacar las figuras situadas en primer y segundo plano. “En estos cuadros no. En estos cuadros los cielos son tan protagonistas como el primer plano”, dice Enrique Nieto. En el texto que aparece en el catálogo de la exposición, y que firma el profesor Germán Ramallo, se habla del cielo de estos cuadros como “un cielo «esculpido» más que pintado, iluminado por cien reflejos, que responde en color a esa riqueza de componentes terrenos, formando unas magníficas sinfonías cromáticas en las que ningún tono puede resultar extraño”. Y es que las obras, por la cantidad de materia dada, sobre todo en la parte dedicada a las tierras, verdaderamente pueden parecer esculpidos además de pintados.

“Yo siempre he pintado con mucha materia”, dice Enrique Nieto. “Me gusta la materia, que el cuadro tenga una superficie, por lo menos en algunas zonas; que puedas pasar la mano y sientas que ahí hay algo”, explica el pintor, que logra este acabado con la pintura, pero también con otros elementos, como el mármol molido, o tierras y arenas que pueden proceder de la misma playa que pinta y permiten que la pintura tome más cuerpo y textura.

No sucede así en las acuarelas, cuatro en total, que dan unos tonos más transparentes. Aunque los óleos de la exposición reúnen obras los últimos cuatro o cinco años, con algunas de ellas pintadas solo hace meses, cuando se trata de acuarelas Enrique Nieto no presta atención al año que figure bajo la firma: “De las acuarelas también hay alguna más moderna, pero yo lo que hago es que las voy haciendo y metiendo en una carpeta; entonces cuando llega una exposición saco algunas, y me fijo en cómo van unas con otras, en si se hermanan o discuten”, explica el pintor.

Realizar este cuadro ahora, en estos momentos en que el Mar Menor pide ayuda, es también una forma de sumarse a esa reivindicación por una recuperación y mejor conservación de la laguna salada. “Cuando ha venido gente de fuera, algún extranjero, y ha visto el Mar Menor, se ha quedado flipado: un lago enorme, ideal para los deportes de vela, para bañarse; un sitio precioso para los niños donde no hay peligro… y nos lo hemos cargado”, dice Enrique Nieto. Y sin embargo, “el Mar Menor es bello hasta ahora que está enfermo”, dice el pintor. Por eso continúa pintándolo, y siendo, ante todo, paisajista; porque a pesar de haber realizado también figura, sobre todo de ángeles y maternidades, prefiere dedicarse al paisaje. “Bueno, no sé qué pasará mañana”, dice riendo, “pero de momento estoy a gusto”.

Por lo pronto, dice el pintor, quienes visiten la exposición van a encontrar “unas luces y unos colores de aquí, interpretados, idealizados por una persona que los ha visto y ha dicho «me gustaría pintarlos»”, y añade con entusiasmo: “Todo esto es tan nuestro, tan de aquí, y por lo tanto tan mío, que me encanta pintarlo”. Porque, explica Enrique Nieto, a pesar de haber viajado y haber pisado paisajes de otras regiones y países, nunca se ha planteado ponerlos en un cuadro. “Jamás se me ha ocurrido pintar un paisaje de Asturias, o de Castilla, o de la República Checa, o de Egipto. Jamás he pensado en eso”, dice rotundo, y concluye: “Cuando pinto paisaje, pinto el de aquí. Es el que siento”.

Las paredes de la galería Chys seguirán vestidas, hasta el 18 de noviembre, con estos cuadros que retratan las luces de un mar que es nuestro, a la espera de la próxima exposición del cartagenero Enrique Nieto, que posiblemente tenga como escenario la propia Ciudad Portuaria.

 

 

Redactora y editora de El Visitante.

1 thought on “Enrique Nieto lleva el Mar Menor a Chys

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *