Catorce artistas en las ventanas del Palacio Santa Quiteria

La calle Santa Quiteria, convertida en calle de letras, está escudada por los versos en amarillo que, entre asientos de madera y alegres maceteros, han quedado grabados en los límites de la Plaza de Europa; versos que, junto a las iniciales y el nombre de sus autores, están subrayados por un poema de Dionisia García. Escrito en una línea, puede leerse de seguido en el largo escalón que recorre la calle: “Si lo deseas, podemos visitar los sitios nuevos…”. Al terminar el poema, un poco más adelante, aparece la discreta fachada que, silenciosa, atrae la mirada de los viandantes que caminan distraídos por Santa Eulalia y la eleva hacia los cuadros que, bien enrejados o bien desde la altura de los balcones, ocupan el lugar de las ventanas, y parecen querer conversar con los transeúntes.

En el cartel que se ha colocado en el hierro de la puerta aparecen los nombres de los artistas, uno para cada ventana: Marcos Amorós, María José Caride, Jesús Inglés Canalejo, Alfredo López y Javier Lorente en el piso superior; Miriam Martínez Abellán, José Miguel Marín Guevara, Carlos Montero, José Manuel Peñalver y Antonio Sánchez en los balcones intermedios, y Salvador Torres, Cristóbal Pérez “Toval”, Manuel Vacas y Silvia Viñao en la planta baja, en las ventanas enrejadas; catorce artistas que, con motivo del Año Europeo del Patrimonio Cultural, dan una interpretación personal y artística del legado de la cultura de Europa; y lo hacen a través de unos cuadros que pintaron a pie de calle el 13 de enero, en el Barrio de Santa Eulalia, y que han quedado colocados en forma de vinilos para una exposición donde, por segunda vez, Santa Quiteria abre sus ventanas al arte.

A la inauguración de la exposición, celebrada el pasado 24 de enero, ha asistido el concejal de Cultura, Jesús Pacheco, y la concejala de Juventud, Rebeca Pérez, que ha recordado que la iniciativa está enmarcada en el proyecto ADN Urbano, dirigido a la revitalización del Barrio de Santa Eulalia. Entre las propuestas de renovación estaba la puesta en valor de la fachada del Palacio de Santa Quiteria, convertida ahora en un museo al aire libre que, recordaba la concejala, ya se estrenó el pasado verano con una primera exposición a cargo de estudiantes de Bellas Artes y jóvenes artistas galardonados en el certamen CreaMurcia. El concejal de Cultura, por su parte, ha explicado que en esta ocasión la exposición la componen artistas de reconocido prestigio en la ciudad y en la Región, y que es una ocasión para poner en valor el carácter artístico de un barrio donde tuvieron sus estudios artistas como Mariano Ballester, Molina Sánchez, Elisa Séiquer o José María Párraga, entre otros muchos; y ha recordado cómo los vecinos, el día en que los artistas estuvieron pintando sus obras en las calles del barrio, pudieron participar obsequiando a los pintores con una comida y conversando con ellos.

Salvador Torres, en representación de los artistas participantes, ha explicado que a los pintores les fue dada una sola premisa: elaborar una obra en directo para que luego fueran expuestas en una fachada que es un museo abierto las 24 horas, por contar con luz natural durante el día y retroiluminación durante la noche. Se trataba, decía Salvador Torres, de crear un abanico visual sobre la cultura europea, y un diálogo continuo con los viandantes a través de estas catorce visiones del legado de Europa.

El resultado final, unas obras que han sido elaboradas con técnicas muy distintas, que van desde el óleo hasta el acrílico, el collage o la acuarela; y que representan motivos  que pasan por Roma, Venecia, la música europea, la Mezquita de Córdoba, el Parque Nacional de Doñana, o la propia democracia.

La primera de las ventanas es la de Mi bella Eiffel, obra de Marcos Amorós realizada en técnica mixta sobre lienzo. “He simbolizado París como una mujer que tiene la bola del mundo en una mano”, explica el artista, que añade: “París es mucho París, es de donde sale para mí la cultura, la libertad, todos los cambios sociales; es un motor. Una figura femenina que es una modelo del diseñador de moda murciano Fernando Aliaga, y que tiene la forma de la Torre Eiffel.

La segunda es para Venecia, de María José Caride, en homenaje a la ciudad que, además de haber dado grandes pintores como Tiziano, Tintoretto, Veronese o Canaletto, es por sí sola una obra de arte. “He intentado hacer como si fuera una sombra chinesca”, dice la artista, que explica: “Toda la parte delantera está en oscuro para que resalte con los colores de detrás”; todo para representar ese patrimonio hay que conservar, sobre todo de cara a futuras generaciones.

En la tercera ventana, Jesús Inglés Canalejo se ha decantado por la defensa del patrimonio natural con Doñana, un óleo sobre lienzo que llama a proteger este parque nacional. “Está en declive, lo están destruyendo”, dice el artista, que lamenta que con la caza abusiva y el egoísmo del ser humano se esté perdiendo un patrimonio que es para las generaciones que nos siguen. “Yo es que dedico mi obra a proteger la naturaleza, que al fin y al cabo es el pilar que sustenta la vida”, explica Jesús Inglés.

En el balcón de la cuarta ventana aparece Inspiración, de Alfredo López; una acuarela que muestra a un director de orquesta que sostiene varios libros sobre su cabeza y utiliza un pincel como batuta. “Me he planteado con mi obra rendir un homenaje a la cultura con mayúsculas, y me he centrado en tres de las artes principales, que serían la música, la literatura y la pintura representando a las artes plásticas en general”, explica el artista, que deja esta acuarela a la interpretación del espectador, con la posible lectura de un director, quizá inspirado por la literatura, que plasma luego esas ideas a través del pincel.

El piso superior termina, al volver la esquina, con El sueño de paz de Javier Lorente, un homenaje a la cultura y el patrimonio de la Península Ibérica protagonizado por uno de sus símbolos, la Dama de Elche. “También he hecho un molino de viento significativo de la historia de El Quijote; he puesto la paloma de la paz de Picasso, porque Europa es un proyecto de paz y porque he querido hacer un homenaje a uno de sus grandes artistas; y abajo he representado el rapto de Europa”, explica el artista, que concluye: “He querido hacer una obra fresca, llamativa por el color, porque se tiene que ver desde abajo; y aunque de composición compleja, sencilla de leer”.

El piso intermedio lo abre Las metamorfosis de Venus, de Miriam Martínez Abellán; una obra conceptual que, a través de la Venus de Milo, busca resaltar el valor de la mujer en la sociedad, y de Grecia como origen de la cultura de Occidente. Con collage y acrílico, la artista presenta unas sillas apiladas, en sensación de que pueden caer, con un ave en peligro de extinción posada sobre ellas, todo ello sobre una cabeza de mujer en gesto de pedir silencio. “Para mí las sillas suponen la importancia del asentamiento de la cultura en la sociedad”, dice la artista; “luego el gesto de silencio es como que preservar el patrimonio es algo incuestionable, y la imagen del pájaro representa ese tesoro; ese pájaro que como no se cuide y se extinga, al final nuestra historia se extingue con él”.

La siguiente ventana, la de Marín Guevara, acoge la única obra que es, en realidad, una escultura. Ha utilizado escayola, resina de poliéster, silicona, metacrilato y pigmento, y representa, bajo el título de Virgen, la importancia de la iconografía mariana como motivo recurrente en el arte europeo; un tema que el artista relaciona con imágenes de su niñez, y que aparece con la cara tapada por el gusto del escultor por la estética de, por ejemplo, los querubines con la cara rota que podrían verse en una catedral antigua.

En la ventana que le sigue en el mismo piso, Carlos Montero se ha decantado por un patrimonio europeo inmaterial que es, para él, nuestro bien más preciado: la democracia, que el artista representa con Daoíz, uno de los leones que guardan el Congreso de los Diputados: “Creo que es lo más importante que tenemos, nuestra forma de vivir, más que otras cosas más físicas”; un patrimonio que, además, es originario de Grecia. La obra es un óleo sobre lienzo, aunque con una primera capa de acrílico, para facilitar el secado y su rápida elaboración, de tan solo unas horas.

La siguiente ventana muestra Los pintores a misa, obra realizada por José Manuel Peñalver con acrílico, espátula y brocha sobre lienzo, y que se centra en una Catedral de Murcia representada en azules y organizada en horizontales y verticales, con un título que hace referencia a una pintura costumbrista que recoge, en este caso, el gusto por la idea tradicional de la misa y la propia presencia de la Catedral.

Al doblar la esquina, en el mismo piso, la ventana siguiente es de Antonio Sánchez, y de su obra titulada Notre Dame: “Notre Dame, que para mí es parte del origen de la cultura y el patrimonio europeo”, dice el pintor, y explica que es un enclave ligado a las culturas celta, romana, y medieval, que es el origen de la europea. “Es un boceto, un gouache sobre papel; una técnica mixta, porque he utilizado rotuladores, acuarelas…”, y añade: “Ha sido una interpretación muy libre, de estudio, como nos gusta a los artistas”.

Las obras restantes, en el piso inferior, aparecen detrás de una reja de hierro. La primera de ellas es de Salvador Torres. “Es una de las ventanas que están más cerca del paseo, a la vista del paseante, es aquella de allí”, la señala. Es Viajero ante la cultura clásica, la primera a la izquierda, que ha sido realizada en acrílico y acuarela sobre papel. “Es un turista que está visitando algo relacionado con la cultura clásica, griega o romana. Está frente a una de las columnas del altar de Júpiter, y representa el legado de la cultura clásica europea”, dice el artista.

Le sigue Roma, Ciudad Eterna de Cristóbal Pérez “Toval”; que muestra, tras la reja de la ventana, la vista del patrimonio europeo que el artista ha escogido: la que aparece desde la cúpula de San Pedro hacia la plaza. Un óleo sobre papel que tiene a Roma y a la Ciudad del Vaticano como protagonistas.

La ventana situada a la derecha de la puerta, Gran Mezquita, de Manuel Vacas, pone el foco en la influencia de la cultura musulmana en el patrimonio europeo, que podía quedar representado por la Mezquita de Córdoba, o por la Alhambra de Granada. “Me decidí por la Mezquita por el juego que hace de arcos de color; pensé que podría ser un cuadro muy interesante”, explica el artista, que ha utilizado acrílico sobre lienzo.

La última ventana es la de Silvia Viñao, con Mujer andaluza tras la reja; una obra realizada con técnica mixta y collage cosido que muestra a la típica mujer andaluza detrás de la reja, en alusión a la cultura flamenca. “Me he basado además en un cuadro de Anglada-Camarasa, y de alguna manera he unido la cultura granadina, andaluza, flamenca, con el modernismo catalán”. Una obra que, además, está adaptada a su espacio: “Me la inspiró la ventana que me tocaba cuando la vi”, cuenta Silvia Viñao; de ahí que la reja esté tanto en el título como en el mismo tema.

Unas obras que dan catorce visiones de lo más emblemático del patrimonio europeo, y que pondrán color a un museo al aire libre que, con cada cambio de estación y según lo previsto, verá renovadas sus ventanas.

Redactora y editora de El Visitante.

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