Azul: la exposición de Ascensión Pérez en la Muralla Bizantina

Al final de la cuesta de la calle Jara, antes de llegar hasta el Teatro Romano, los cristales de la entrada del Museo Muralla Bizantina dejan ver unos cuadros que ponen en el interior, como ventanas abiertas, el azul de la playa, el cielo y el mar. Al pasar la puerta, no hay lugar a dudas. Con las escaleras que conducen a la Muralla en el centro, las amplias paredes blancas muestran unas obras que representan un mar tranquilo que se pierde en la lejanía de la arena, en la raya azul del horizonte, o en la inconfundible vista de Cabo Palos.

Es Azul, la muestra de Ascensión Pérez que, desde el pasado 28 de septiembre y hasta el 12 de noviembre, llena las paredes de la Sala de exposiciones de la Muralla Bizantina. La colección, acompañada en la sala por un texto de presentación y otro sobre la obra, consta de 27 óleos y es la primera exposición que la artista realiza en Cartagena.

“Soy cartagenera, es la ciudad donde nací, y es obligado hacer una exposición aquí”, dice Ascensión Pérez, sentada junto a los dos cuadros que, con los títulos de Agua de la Manga y Nubes sobre el mar I, abren el tramo de pared del fondo a la derecha. “Todo tiene su tiempo y su momento; y yo pienso que ahora mismo hay una serie de factores que hacen posible la exposición”, añade la artista.

La colección está compuesta por obras que ya han sido expuestas en Madrid, Murcia, la Real Cartuja de Valdemossa en Mallorca, y en la localidad granadina de Guadix; que se suman a otras pintadas expresamente para la Muralla Bizantina. “Cuando vi la sala”, cuenta la artista, “ya tenía pensado traer cierta obra que tenía en Madrid, porque tenía mucho interés en que se mostrara en Cartagena”, y explica que también había pensado realizar una serie de cuadros exclusivos para la sala. “Concretamente, el tríptico tenía que estar pintado para esta sala, y sí o sí tenía que estar en el sitio donde está”, señala Ascensión Pérez.

Se refiere a Arenales, el tríptico que, en un formato de casi un metro por dos y medio de ancho, muestra unas dunas que se extienden a lo largo de las tres piezas de la obra, con el mar a lo lejos y un cielo donde las nubes cobran un especial protagonismo. Un tríptico que, cuenta la artista, ha sido pintado para ese espacio concreto, que preside la pared del fondo, la primera que se aprecia al entrar en la sala, y abre el tramo de pared que, hacia la derecha, alberga los cuadros que han sido pintados para esta exposición.

La colección la completan los otros cuadros, distribuidos en las cinco paredes restantes, que proceden de exposiciones anteriores y responden al propósito que Ascensión Pérez expresaba el día de la inauguración: el de exponer en Cartagena con una trayectoria detrás. Esta trayectoria queda recogida en el texto de presentación que recibe al visitante en la pared, y que es muestra del camino recorrido por la artista.

A la hora de ubicar la obra en la sala, Ascensión Pérez ha tenido en cuenta, ante todo, que los cuadros forman una única colección. Por eso se han colocado, explica la artista, “para que queden en la sala acogidos, para que unos queden al lado de otros sin quitarse protagonismo, y realzando al de al lado. Todo va muy, muy pensado”, recalca Ascensión Pérez.

El conjunto, que muestra cielos, mares y horizontes, solo podía llevar un título: Azul. “Me gustó mucho Azul y no ha habido duda”, explica Ascensión Pérez con entusiasmo. Azul por el cielo, por el mar; por la atmósfera que creo que se crea en esta sala”.

La vista de un distante faro de Cabo Palos y las dunas que aparecen en los cuadros dan pistas de los dos escenarios que la artista retrata: la playa de la Manga y la playa de la Llana. “Son las playas que a mí siempre me han enamorado, desde pequeña”, cuenta Ascensión Pérez, que ha plasmado esos dos parajes en el lienzo, aunque nunca desde la misma perspectiva.

Y es que el mar, presente en el conjunto de la obra, aparece representado de muy distintas maneras. Hay cuadros que dejan ver más agua que cielo, con el protagonismo en las olas, y otros que resaltan la línea del horizonte, o la presencia de las dunas y la arena. Otras veces las obras se centran en el cielo, o en la forma de las nubes. “Es mi gusto hacerlo así”, dice la artista: “que la raya azul se vea más protagonista, otras veces el cielo, otras veces la duna, otras veces el mar… es mi visión de cada obra”.

Esas composiciones, sin embargo, no son ideadas por la artista en el estudio, sino que vienen dadas con el descubrimiento de los temas en la naturaleza: “No las ideo, me son dadas, porque hay un momento en el que yo, fruto de la contemplación y de la admiración que siento en un momento dado por el mar, por una duna o por un cielo, hago la obra”, explica la artista, que encuentra así el formato y el motivo de las obras.

Porque si Ascensión Pérez puede plasmar en el lienzo el movimiento y la transparencia del agua no es gracias a la simple observación. La artista, más que observar, contempla, y lo hace siempre. Hasta cuando viaja en coche no puede evitar contemplar las nubes, como en una búsqueda continua; y en ella, explica Ascensión Pérez, “hay un momento en que te salta una belleza escondida que hay en la naturaleza”, una belleza que no está oculta, sino esperando a ser vista, a ser descubierta. “Entonces, en el momento en que soy consciente de esa belleza, me da una emoción tan fuerte que tengo que pintarla. Y eso es lo que hago”, dice la artista, que siente ese impulso como un mandato.

Luego, a la hora de trasladar lo contemplado al lienzo, Ascensión Pérez no hace una mera copia de la realidad, sino que, al plasmar el paisaje, vela por el equilibrio de la obra, siempre para poder mostrar esa belleza descubierta. “Lo que muestro son ventanas, resume la artista; “es la alegría de haber visto algo maravilloso, y la satisfacción de poder pintarlo”.

Ascensión Pérez disfruta realizando obras de grandes dimensiones, para que en ellas se aprecien las majestuosidades de los cielos y las olas, aunque no renuncia a los pequeños formatos, que permite encerrar en ellos la esencia del paisaje. En la exposición, los formatos de las obras son muy variados. Los hay verticales y horizontales; dípticos, trípticos, obras de mayores dimensiones y otras de pequeño formato, de acuerdo a la disposición de la sala, porque Ascensión Pérez siempre trabaja con vistas a que los cuadros van a ser expuestos. “La exposición es la obligación que yo tengo como artista”, dice la artista; “entonces necesito que quede una exposición agradable. También pienso en eso a la hora de hacer la muestra”.

Quienes visitan las exposiciones de Ascensión Pérez suelen coincidir en un mismo comentario: que los cuadros, al verlos, transmiten paz y tranquilidad. Así ha ocurrido en muestras anteriores, y así está sucediendo en Azul. “Es cierto que no pinto el agua cuando está en tempestades”, dice Ascensión Pérez, y explica que no contempla el mar cuando está embravecido, con viento fuerte y oleaje, sino cuando se encuentra tranquilo, sereno; en unas condiciones que le agradan. “Y no sé, posiblemente de paz, claro, si no paran de decírmelo”, dice riendo.

Por algo en el texto de presentación de la sala se lee que la artista “retrata la delicadeza de la arena, la transparencia de las olas en la orilla, lo límpido de las aguas del fondo y la amplitud del cielo y sus nubes sobre un mar siempre en calma”; y En calma es precisamente el título del cuadro que Ascensión Pérez elige cuando se le pide que escoja una obra de la exposición.

Es un cuadro amplio, vertical, separado del tríptico que preside la sala por el segundo texto que acompaña la exposición. “Quien quiera saber cómo es la playa de la Manga, este cuadro lo representa”, dice la artista; y explica que en él se ve el movimiento característico del agua, con las tres olas alargadas que son propias de esa playa. El cuadro ha estado expuesto en Madrid, San Sebastián, Murcia y Valdemossa, y la artista tenía especial interés en mostrarlo en Cartagena. “Es un cuadro de los que ellos mismos te dicen el nombre”, dice Ascensión Pérez, que ha puesto título a cada cuadro; y elige éste en concreto porque al pintarlo le fue sorprendiendo por la ola del fondo, que ha quedado como avanzando hacia delante, a punto de romper; y por la primera ola en la orilla, que parece regresar al mar.

Para En calma, Ascensión Pérez ha utilizado el óleo, como en el resto de la obra. “El óleo siempre ha sido la pintura que me ha permitido dar el color exacto que yo he buscado”, explica la artista. Ha probado otras técnicas, como la acuarela o el acrílico, pero, por el color, se queda con el óleo. “De hecho yo no utilizo el óleo con mucha textura. El color del óleo me va dando lo que voy buscando, y en el momento que lo tengo, dejo de pintar”, dice la artista, y pone de ejemplo las dunas, donde en muchas zonas se ve el propio lienzo. “Ahí no hay trabajo de materia dada. El mismo lienzo me da la tonalidad, y cuando ya veo el volumen de la duna, la dejo”, explica la artista, que siempre utiliza el lienzo como soporte.

En la exposición, concluye Ascensión Pérez, el visitante que entre en la sala “va a ver una colección que se llama Azul que quiere mostrar esas playas que a mí me causan admiración, que siempre he visto desde pequeña; y va a ver una pintora cartagenera que expone en su tierra”. Una muestra donde, pincelada a pincelada, y a través de esas ventanas que son sus obras, Ascensión Pérez lleva el azul del mar a los espectadores que visiten la Muralla Bizantina.

 

 

Redactora y editora de El Visitante.

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