Autorretrato: la exposición más personal de Núria Farré

Al entrar en la Galería Léucade, junto a la Plaza de la Universidad, en la sala se cuentan uno, dos, tres, hasta siete caballetes donde los alumnos, concentrados, trabajan en unos retratos ya avanzados. Unos pintan sentados en sillas blancas; otros las utilizan para dejar sobre ellas botes, pinceles o tubos de pintura que se multiplican en los espejos de la sala. A su alrededor, las paredes muestran unos cuadros que atraen la mirada inevitablemente; retratos de gran tamaño donde, sobre fondos oscuros, unos rostros femeninos aparecen iluminados y en expresión seria y ensimismada mientras la sala, inmersa en el taller, huele a óleo y aguarrás.

Es Autorretrato, la muestra que reúne 11 obras y 16 bocetos de Núria Farré, la artista barcelonesa que ha llevado a Murcia, y más concretamente a la Galería Léucade, la individual de mayor importancia que  la retratista ha colgado en España hasta la fecha, y también la más personal. Inaugurada el pasado viernes 13, estará abierta al público hasta el 1 de noviembre, y ha sido escenario los días 14 y 15 del Workshop titulado Realismo más allá del dibujo: trascender el referente fotográfico mediante el uso del color; un taller que no ha pretendido enseñar a pintar –los alumnos ya están familiarizados con el óleo–; sino transmitir cómo la artista se enfrenta al retrato. “Les voy a traspasar parte de mi proceso, de cómo empiezo, cómo construyo los volúmenes y cómo uso el color”, explica Núria Farré, sentada ante el caballete donde, como los alumnos, también ella está pintando sobre el lienzo.

El taller, de ocho horas diarias, ha ocupado el fin de semana que la artista barcelonesa ha permanecido en Murcia después de la inauguración. “Empezamos por la mañana y acabamos por la noche”, cuenta Núria Farré, apartando los pinceles; “pero muy bien, porque todo el mundo está muy concentrado. La pintura es muy para dentro. Cada uno está en su caballete, pintando su obra, consigo mismo; y es chulo porque permite salir de tu obra y dar una vuelta, charlar con la gente, compartir lo que estás trabajando”.

A pesar de su juventud, la trayectoria de Núria Farré ha pasado por ferias de arte en París, Colonia y Taiwán, donde ha trabajado con la galería Yiri Arts; y también ha expuesto en Lleida y Barcelona. Sin embargo, el escenario para esta exposición, a raíz de su participación en Art Madrid, ha sido la ciudad de Murcia. “Mi galería de Taiwán, Yiri Arts, me llevó a Art Madrid en febrero de este año, y allí conocí a Sofía”, explica Núria Farré, y recuerda cómo la galerista de Léucade, Sofía Martínez, se interesó por su obra y le preguntó cómo era que Taiwán tenía una artista española, y además tan joven. Núria Farré le explicó que no tenía galerista en España, y de ahí surgió la actual exposición. “Me pareció una idea fantástica. Me gustó mucho todo lo que Sofía tenía en el stand, y es una galerista que tiene dos cosas que me gustan mucho: una, que es muy joven; y otra, que tienen muchísimas ganas”, explica, y se muestra ilusionada por exponer en Murcia y formar parte del proyecto de la galería.

El resultado, una muestra que combina 11 óleos de gran tamaño, que llenan la sala, con 16 bocetos de un formato tan pequeño que caben todos en una misma pared. “Las obras muy grandes son muy absorbentes”, dice Núria Farré; “entonces tengo que trabajar cuatro o cinco horas en la pieza grande, y ya hacer alguna cosa pequeña para distraerme, o para pensar  en otras obras”. Los bocetos, en lugar de quedarse en el taller, se han incorporado a la exposición, y al ser más espontáneos, ponen el contrapunto a las obras principales, que llevan mucho más trabajo detrás. “Me pareció chulo traerlos, aparte de por el contraste de tamaños, por la diferencia de técnica. Además, el boceto es la parte del proceso que no se suele ver, y también me pareció interesante”, dice la artista.

Todas las obras quedan contenidas en una sola palabra, que es el título de la muestra: Autorretrato, aunque no todos los cuadros lo son. Núria Farré se retrata a ella misma, pero también a amigas muy cercanas, aunque todos los cuadros terminan teniendo algo de la propia artista. “Al final lo tratas como si fuera un autorretrato, porque es una obra tuya, estás hablando de ti mismo ahí, poniendo tu personalidad en un retrato”, dice Núria Farré, y añade que, en realidad, prefiere no pintarse a ella misma: “No me gusta mucho hacerme autorretratos, pero cuando no tengo modelo cerca y se me ocurre una idea, pues me hago las fotos a mí misma, hago pruebas, y salen de ahí”, explica.

En los cuadros, Núria Farré juega con el tema espejo; un elemento que rompe con los retratos que solía pintar y que mostraban rostros en contacto con el agua o sumergidos en ella, como los dos cuadros que se han incluido en la exposición, al fondo a la derecha, y que representan un rostro bajo el agua y otro cubierto por una mancha negra. “Yo usaba el agua como un filtro que separa la persona de la realidad; un filtro que está justo entre el retratado y el espectador, que deformaba las caras, cambiaba la luz” o en definitiva, dice la artista, modificaba la identidad de la persona que quedaba bajo el agua. “Y claro, si decimos que los retratos en verdad son autorretratos, me puse a pensar a posteriori por qué estaba poniendo un filtro ahí, por qué estaba ocultando mi propia personalidad”, y en ese momento decidió hacer lo contrario y enfrentarse a un espejo.

Con esa base, los cuadros muestran unos fondos muy oscuros, quizá por la dificultad de enfrentarse cara a cara con uno mismo; y centra sobre los rostros toda la luz, que procede del disparo del flash. “Me gusta mucho el flash porque, aparte de que me parece algo muy contemporáneo, es una luz artificial”, una luz que, dice la artista, es imposible encontrar en la naturaleza. “Hace sombras muy duras, blancos muy potentes; y ese contraste no sé, me gusta. Crea una tensión”, dice la artista.

Porque Núria Farré pinta a partir de fotografías que ella misma realiza. De las más de 150 imágenes que puede obtener en una sesión organizada con la modelo que va a retratar, selecciona la fotografía, la retoca, e incluso puede hacer algo de collage para terminar la composición. Una rutina que, para Núria Farré, ya es parte de su proceso creativo; tanto que, y esto lo explica riendo, para hacer los autorretratos tuvo que comprar por Amazon un mando a distancia para la cámara.

Es el caso del autorretrato que protagoniza el cartel de la exposición, y al que acude la artista cuando se le pide que escoja un cuadro de la muestra. “Éste fue el primero, y lo hice en un arrebato”, dice Núria Farré, y explica que cuando tuvo la idea para la obra ninguna de sus amigas podía acudir a su taller. “Entonces fue cuando me compré ese mando a distancia para la cámara. Pero como no quería salir yo, porque los autorretratos me violentan un poco, me puse una peluca. Es un poco absurdo”, dice riendo, “pero bueno, empecé a echar fotos”. Cuenta la artista que para entonces estaba atravesando un momento difícil en lo personal y profesional que acabó volcando en ese cuadro, el primero que hacía frente al espejo. Trabajó en él un par de semanas, y luego lo dejó sin terminar, arrinconado en el estudio. Al cabo de un año, cuando se mudó y trasladó obra a su nuevo taller, volvió a encontrarse con él, y no le disgustó. Después de ese tiempo, ya podía ver el cuadro y todo cuanto representaba con perspectiva; y aunque se propuso terminarlo, finalmente decidió dejarlo así, inacabado. “Toda la parte de la espalda se quedó a medias, le faltaba añadir color; por aquí se nota que hay unas pinceladas ahí apuntadas…” explica la artista frente al cuadro, y señala también los ojos, que están acabados pero sin pestañas, y con la ceja en azul, sin terminar. Porque para Núria Farré, la pintura siempre está viva, y depende mucho de uno mismo; de forma que si un cuadro queda a medio, es porque la propia obra pide terminar en ese punto.

Ese primer autorretrato, como todas las obras de la muestra, nace de la fotografía, pero va más allá de ella. Ese es el objetivo del Workshop que durante el fin de semana ha llenado la sala de caballetes y paletas con desordenados tonos de óleo: alejarse de la exactitud dibujo para, con el color, trascender el referente fotográfico. “Lo que estamos haciendo aquí es pasar del dibujo. Hacemos un encaje súper rápido con la propia pintura, sin lápiz ni nada, y ya empezamos a manchar”, explica la artista. Un encaje para unos retratos que no persiguen copiar la imagen, ni tampoco mostrar los mismos colores de la fotografía; ni siquiera la misma forma. “Si a ti inconscientemente te sale desproporcionar una nariz, por algo será, y si no molesta, no hay por qué cambiarla”, pone de ejemplo Núria Farré. “Es una manera de hacer un retrato dejando que tu propia personalidad se entrevea ahí”, dice la artista, que para la exposición se ha centrado en el óleo. Solía preferir el acrílico, utilizada en su obra anterior sobre el agua, hasta que descubrió los óleos; y encontró que el tiempo de secado, más lento, encajaba a la perfección con el ritmo de trabajo que exige el retrato.

Al tratarse de alguien de fuera, la inauguración no contó con el respaldo que amigos y conocidos prestan habitualmente al artista. Sin embargo, la exposición se abrió con algunos puntos rojos, por compradores que se interesaron por las obras antes incluso de su puesta en sala; y la galería está recibiendo día a día la visita de quienes, al ver el cartel en la puerta, o previamente en Facebook, sienten curiosidad y pasan a echar un vistazo. “Aunque esté el curso por aquí la gente ha ido viniendo estos días”, cuenta la galerista Sofía Martínez desde su mesa de trabajo, y mira a una mujer que, justo en ese momento, ha entrado en la sala y está viendo la exposición entre los caballetes del Workshop. “Bueno, esto ha sido casualidad”, dice riendo; “pero la gente está viniendo expresamente por lo que le ha llamado la atención la imagen, aun sin conocer a la artista, que eso es lo que más me gusta a mí”.

La Galería Léucade ya prevé contar con la joven artista para una exposición colectiva que tendrá lugar en noviembre, además de para otros proyectos que volverán a traer a Murcia, desde Barcelona, los retratos y obra de Núria Farré.

Redactora y editora de El Visitante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *