Arte religioso y sacro en la Galería Babel

Al entrar en la Galería Babel, la sala parece haberse transformado en un lugar de culto católico. La entrada recibe al visitante con dos grandes retablos de seis piezas: uno representa la Capilla de los Vélez, y el otro, escenas de la vida de Cristo. Una imagen de la Virgen permanece protegida por una urna al pie de una de las columnas de la entrada, y hasta llegar al fondo, en las paredes se suceden obras que representan detalles de imágenes de Salzillo, edificios religiosos, la Sibila de Miguel Ángel, y esculturas y piezas de imaginería que podrían estar en cualquier iglesia.

Es Arte religioso y sacro, la colectiva de la Galería Babel que reúne una treintena de obras de temas religiosos, y más concretamente de la confesión católica. Tras su apertura al público el pasado 6 de octubre, la exposición ha sido nuevamente inaugurada el viernes 13, y se va a prolongar dos semanas más de lo previsto, hasta el 11 de noviembre. La muestra, formada íntegramente por artistas murcianos o residentes en Murcia, abre un ciclo de exposiciones de arte religioso que va a explorar también el de otras confesiones y culturas, como la hindú o la prehispánica; y que arranca con ésta, dedicada al arte católico.

Aunque las exposiciones de la galería suelen seguir una línea crítica y combativa, esta muestra no se ha planteado desde la reivindicación. De hecho, en la apertura al público se presentó como una exposición católica. “Nuestra exposición, con todo el respeto hacia el mundo creyente, no va a ser una exposición de enfrentamiento, no es ese el propósito”, dice el galerista Javier Cerezo, sentado frente a la pared que muestra cuadros de José Manuel Peñalver y Nicolás Reverte. “Los artistas que participan son todos teístas, y a mí, sin que yo forme parte de la exposición, me va a servir para hacer una reflexión sobre cómo la psicología está también en la base que dirige las religiones”, explica.

Y es que Javier Cerezo, que ha estudiado la psicología como base de la historia, de la sociología, de todo cuanto el ser humano construye, explora en esta ocasión el terreno de la religión, y se plantea cómo la psicología de los dirigentes de las religiones ha influido en la dirección que éstas toman. “No quiere decir, para los creyentes, que la psicología crea la religión; pero sí querría que pudiéramos hablar de cómo la psicología construye y dirige la dirección en que las religiones se mueven”, explica el galerista.

Esta es la reflexión que lanza la muestra de Arte religioso y sacro, la exposición que, después de una primera colectiva en septiembre, abre temporada en Babel. “Para mí el arte siempre ha sido un lugar de reflexión. Los artistas también lo plantean así, y creo que hemos recuperado esa vocación”, dice Javier Cerezo. Porque, indica el galerista, esta no es una colectiva decorativa: “es posiblemente la exposición lugar de reflexión más importante que hemos hecho en varios años”, dice Javier Cerezo.

La iniciativa, propuesta el pasado mes de junio, partió de los propios pintores, en concreto de Juan Antonio Marín; y fue muy bien recibida por el galerista, y también por los artistas, quince en total, que forman parte de la muestra.

La exposición está compuesta por obras de Mariano Ballester, Antonio Campillo, Antonio Navarro Menchón, Cristóbal Pérez, Juan Antonio Marín, Álvaro Peña, Jaques Tangue, Pedro Velver, Lucía Montero, José Manuel Peñalver, Mar Blázquez, Nicolás Reverte y Martínez Pedrero. “Tendremos también obras de Cantabella y Juan Antonio Abellán Juliá, y también obras que los artistas que ya participan están pintando para traer”, adelanta Javier Cerezo, que irá añadiendo esas nuevas obras a la exposición.

La muestra comprende obras de tema sacro, como las escenas de la vida de Jesús que componen el retablo de Juan Antonio Marín, en la entrada, o el busto de Cristo de la imaginera Mar Blázquez; así como obras de motivo religioso, como la Natividad de Antonio Campillo, el crucificado de Álvaro Peña que preside la pared del fondo bajo el título de Saeta; la Catedral de Berlín de Cristóbal  Pérez, el ángel anunciador de José Manuel Peñalver, los retratos de la Dolorosa, San Pedro y el paso de los Azotes de Salzillo; o la maternidad de Mariano Ballester, titulada Master mea est vita mea (Mi madre es mi vida), entre otras obras.

Y es que la exposición, bajo el título de Arte religioso y sacro, comprende obras de estas dos vertientes. “El arte sacro es el arte de lo sagrado. En el mundo católico, lo sacro solamente es la vida de Jesús, la vida de la Virgen, la Sagrada Familia y algunos santos”, explica el galerista; “pero también hay un mundo en torno a lo sagrado que es religioso, y no tiene ese sentido de sagrado”, y recuerda las escenas que se retrataban en los muros de piedra del románico, o las escenas bucólicas del Renacimiento y el Neoclásico, donde también se incluía el tema religioso.

Porque el arte religioso y sacro, como se dijo en el acto de apertura al público y como consta también en la invitación a la exposición, tiene una especial importancia en la historia y desarrollo del arte occidental desde el siglo IV y en todos los movimientos, incluidas las vanguardias, que también abordaron este tipo de arte, con nombres como el de Rouault o Jorge Rando.

También se recordó en la apertura de la exposición la frase del papa emérito, Benedicto XVI: “Si nuestra fe sigue viva, toda esta herencia tampoco muere, sino que sigue presente en las catedrales, en los iconos y en la música, en la pintura y en la literatura, todo es un destello del Espíritu de Dios”, además de una última reflexión: la belleza de las cosas visibles nos conducen a las invisibles, y a través de los ojos se puede llegar al alma.

Como muestra de este enfoque reflexivo y respetuoso, el propio montaje imita la estética de cualquier lugar de culto católico. “Los espacios están utilizados para que la gente que venga no sienta que va a una sala de exposición, sino que se sientan cómodos porque están en una ermita, en una pequeña iglesia”, dice el galerista, que ha aprovechado las dos columnas de la sala para colocar junto a ellas algunas de las esculturas de la exposición, y ha imitado, con la simetría en la disposición de algunas paredes, la distribución que podría tener un altar en una capilla. En cualquier caso, explica Javier Cerezo, los espacios se han establecido de acuerdo con los artistas y en base a las obras que cada uno iba a aportar.

La exposición, sin embargo, no va a permanecer estática, sino que va a ir añadiendo nuevas obras de los artistas que ya participan, y de otros que no llegaron a tiempo a la inauguración y van a incorporarse a la muestra en los próximos días. “Es una exposición que vamos a ir cambiándola a lo largo del tiempo”, explica Javier Cerezo. “Prácticamente, cada semana la gente verá una o dos paredes completas nuevas”.

Además, está previsto que la exposición, sin dejar de estar vinculada a la galería, viaje durante uno o dos años por salas de la Región y de otros puntos de España, e incluso que dé el salto a México y California, donde hay una importante tradición cristiana y católica, y no solo con los artistas ya presentes; también con nuevas incorporaciones. “Todos los artistas están trabajando para traer obras, y también iremos incorporando a otros artistas que no están en esta exposición, artistas muy importantes de la Región”. El galerista, sin embargo, tiene algo muy claro: “Cada exposición que planteemos, sea en San Diego o sea en Caravaca, vamos a hacerla con el mismísimo interés”; e insiste en la invitación a que los artistas, en sus obras, reflexionen sobre cómo el hombre, con su psicología, encamina el arte sacro y su propia vocación religiosa y sagrada.

Una exposición que busca crecer e ir más allá de la galería, y que es el punto de partida de una reflexión acerca de las religiones que comienza con esta muestra de arte religioso y sacro de la confesión católica.

Redactora y editora de El Visitante.

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